30.5.07

A mi nadie me manda a callar!



Este es Ricardo, el hijo de una gran amiga, compañero de mis hijos, de tus hijos, de nuestros hijos.
Devuelve una bomba lacrimógena que les lanzaron para hacerlos callar, para infundirles miedo.
Nuestros jóvenes despertaron en masa. Se dieron cuenta de que tienen que luchar por el país que quieren para ellos y sus hijos.
Si hay algo que a los jóvenes no les gusta, es que los manden a callar.
Tenemos que darles todo nuestro apoyo, ellos son los que pueden.
Hijos de Venezuela recuperando un país en donde crecer y tener sus hijos algun día, SIN MIEDO y con la el DERECHO A DECIR, ESCUCHAR y VER

25.5.07

NOS
QUIEREN
CERRAR
LOS OÍDOS
LA BOCA
Y
LOS OJOS
NO
LO
PERMITAMOS
O
TAMBIÉN
NOS
CERRARÁN
EL
CEREBRO

24.5.07

Pasos

ITACA

Cuando emprendas el viaje hacia Itaca,

ruega que sea largo el camino,

lleno de aventuras, lleno de experiencias.

A los Lestrigones, a los Cíclopes

o al fiero Poseidón, nunca temas.

No encontrarás tales seres en el camino

si se mantiene elevado tu pensamiento y es exquisita

la emoción que te toca el espíritu y el cuerpo.

Ni a los Lestrigones, ni a los Cíclopes,

ni al feroz Poseidón has de encontrar,

si no los llevas dentro del corazón,

si no los pone ante ti tu corazón.

Ruega que sea largo el camino.

Que muchas sean las mañanas de verano

en que -¡ Con qué placer, con qué alegría!-

entres en puertos antes nunca vistos.

Detente en los mercados fenicios

para comprar finas mercancías,

madreperla y coral, ámbar y ébano

y voluptuosos perfumes de todo tipo,

tantos perfumes voluptuosos como puedas.

Ve a muchas ciudades egipcias

para que aprendas y aprendas de los sabios.

Siempre en la mente has de tener a Itaca.

Llegar allá es tu destino.

Pero no apresures el viaje.

Es mejor que dure muchos años

y que ya viejo llegues a la isla,

rico de todo lo que hayas ganado en el camino,

sin esperar que Itaca te de riquezas.

Itaca te ha dado el bello viaje.

Sin ella no habrás emprendido el camino.

No tiene otras cosas que darte ya.

Y si la encuentras pobre, Itaca no te ha engañado.

Sabio como te has vuelto, con tantas experiencias,

habrás comprendido lo que significan las Itacas.

Cavafy, Cien Poemas

Monte Avila Editores, Altazor

Traducción de Francisco Rivera


23.5.07

CRONICAS ESCORPIANAS I


Taxi de Órganos

Juan llegó a recogerme media hora antes de lo previsto y, como yo tenía todo listo, me despedí de mi príncipe dormido y bajé, con la esperanza de llegar rápido al aeropuerto y quizás tomar un vuelo más temprano.

Como no soy de esas personas que se montan en un taxi y enmudecen, con cierto aire de superioridad, sino que más bien soy de las que le saca conversación hasta a las piedras, más rápido que llegar al distribuidor Ciempiés ya había empezado con mi entrevista, no sin antes ir aflojando el terreno con un “hoy no está tan mala la cola”, “Caracas se ha vuelto un infierno, supongo que con el trafico hace menos carreras y gana menos, claro”, “mis hijos siempre llaman a su línea cuando tienen que regresar de noche, la cosa esta tan peligrosa…

Juan resultó ser un hombre que dos años atrás había dejado su trabajo de toda la vida, la carpintería, porque la cosa empezó a ponerse difícil. Tiene 3 hijas. Todas estudian, trabajan y viven en Estados Unidos. Una de ellas va a recibir la ciudadanía pronto. Su esposa esta en este momento allá, visitándolas y por eso el aprovecha para trabajar de noche.

“De 12 a 3 de la mañana se hace un buen dinero. Hay muchos chamos que usan taxis de línea por la inseguridad.

Me cuenta que normalmente se levanta temprano y hace dos viajes al aeropuerto de Maiquetía. A 75 mil bolívares la bajada y 78 mil la subida, restándole los 12 mil bolívares diarios que tiene que pagar a la línea, Juan gana un promedio de dos millones setecientos mil bolívares. Mil doscientos y pico de dólares, a dólar bolivariano, el legal, el barato.

No está mal. Y lo que le toma en hacer los cuatro viajes depende de la trocha o la carretera vieja. A veces, como hoy, se corre con suerte y tardamos una hora y quince para llegar de Caracas al aeropuerto.

Lo que menos le gusta de su trabajo… el transporte de órganos. Si! Su línea tiene un contrato para recoger y entregar órganos de donantes a recipientes.

“A veces uno llega por decir a Valencia porque hay algún donante que se esta muriendo pero luego el tipo tarda horas y no termina de morirse y uno se tiene que quedar ahí el tiempo que sea hasta que se muera y vengan los familiares y eso, luego los médicos que tienen que sacar lo órganos y después que le den a uno el permiso, bueno, como el papel de propiedad de los órganos para el traslado porque hay que tener esos papeles. Una vez a un compañero mío lo pararon y se lo llevaron preso porque no tenía los papeles, pensaron que era un traficante de órganos.

Llegamos a mi destino., “que tenga buen viaje señora” Hasta luego Juan, muchas gracias.

Juan encendió su carro y se fue. Posiblemente a recoger un pasajero que llega, o no.

A veces Juan no va solo en el carro, aunque lo parezca. A veces va con 3 o 4 órganos de alguien que acaba de morir. Es como viajar con partes de un pasajero… que no conversa.

22.5.07

Sin Palabras


No hay palabras para agradecer lo que la vida me regala hoy! EL MAR frente a mi ventana cuando abro los ojos por la mañana.

20.5.07

Nuestra Insólita Caracas


Ayer domingo se me acercó una amiga que lee mi blog con frecuencia y me dijo: Te voy a contar algo insólito que le pasó a una compañera de trabajo de mi hermano para que lo escribas en tu blog. En el mismo momento que me lo estaban contando -continuó- pensé en que la persona perfecta para trasmitir este cuento eras tú. No sé por qué lo dijo ni le pregunté. Pero, a petición de ella, aquí se los cuento.

Hace unos días, una señora, profesora de una importante universidad de Caracas, tenía que hacer una diligencia importante. En el momento en que se disponía a salir de la universidad, cargada de libros y cosas, se percató de que había dejado en su casa unos documentos necesarios para la diligencia en cuestión.
Aparentemente era hora pico (aunque podemos decir que ahora en Caracas las horas pico del día son casi 24), parece que llovía, la profesora necesitaba tomar un taxi e ir corriendo a su casa para poder recoger lo necesario para la diligencia. El tráfico estaba paralizado, no había taxis disponibles por ningún lado. La señora empezó a darle vueltas en la cabeza a la idea de tomar una moto taxi. Nunca antes lo había hecho, pero en el momento, parecía la única solución.
Pasó una... no se atrevió. Sabemos de mucha gente que lo hace y muchas veces hasta a mí me ha provocado dado la inamovilidad de las colas caraqueñas. Pero da como susto.
Seguía corriendo el reloj y no pasaba ningun taxi. Cuando pasó la segunda moto taxi, la señora de armó de valor y le hizo señas al conductor para que pararar. Y se montó.
Probablemente se las arregló para persignarse entre la cartera y el poco de libros y carpetas.
Cuando llegaron a la autopista del este, la tranca era descomunal. Entonces, y ante quién sabe qué cara de la pobre profesora, el conductor de la moto saco una pistola de uno de los bolsillos de su chaqueta y comenzó a atracar a varios conductores mientras le decía con voz calmada a su pasajera: "Tranquila mamita, son gajes del oficio. No te preocupes que vas a llegar a tu casa sana, salva y a tiempo".

Yo sé que les puede parecer imposible, sobre todo a los lectores fuera de Venezuela, pero les juro, por este puño de cruces, aunque no las puedan ver, que esto NO es ficción.


Y como me estoy yendo a la isla y no sé cuándo pueda volver a meterme por aquí, les dejo otro post, para que lean mientras tanto.

Algunos Consejos de Vida y mis comentarios (en azul)

Maitena


Según un destacado científico social la segunda mitad de la vida puede ser mejor que la primera. Para que ello suceda hay que tener en cuenta una serie de recomendaciones ...
Resumimos y comentamos algunas de esas sugerencias, las que más nos llamaron la atención:

La felicidad no es un accidente.
Se puede aumentar si uno toma conciencia de lo que está haciendo y de lo que está dejando de hacer, y asume el compromiso de cambiar lo que no le gusta.
Empiecen a comprar el Kino o, preferiblemente, el Lotto Florida. Después no se quejen si nuncca tienen dinero para ir de vacaciones.

Hay que intentar siempre hacer cosas nuevas.
Las personas que viven en la rutina son 26 por ciento menos optimistas sobre su futuro cuando se les compara con quienes están constantemente haciendo pequeñas o grandes innovaciones en su vida.
Nada como un cambio, así sea cambiar la distribución de los muebles en la casa, pintar una pared de otro color. Cuando nos "acostumbramos" a nuestra vida, perdemos la capacidad de asombro.

Disfrute las muchas cosas bellas que hay a su alrededor:
Un amanecer, una flor, una obra de arte, una pieza musical, una buena jugada en el fútbol, la sonrisa de un extraño, la ternura de un bebé o el regreso a casa, son apenas unos pocos ejemplos de las muchas cosas maravillosas que a diario suceden y que no gozamos a plenitud.
Para esto hay que hacer un esfuerzo. Centrarse en el momento presente. No estar viendo la luna pero pensando en la deuda con la tarjeta de crédito.

Nunca se dedique a no hacer nada.
Las personas activas sufren de depresión y otras enfermedades en menor proporción que los que poco o nada hacen. Mantener la mente y el cuerpo en acción es la mejor manera de conservar un espíritu joven.
Si tiene demasiado tiempo libre, limpie los closets, bote basura, haga un crucigrama, escriba, o pongase a limpiar las ranuras entre las baldosas del baño y la cocina!!!

Exprese su propia personalidad.
Haga lo que haga, después de los 40 años es necesario que lo haga con su propio estilo, con su propia voz, dejando siempre su huella personal en cada paso.
Bueeeno, pero tampoco se pase. No es que vamos a salir vestidos como si tuviéramos 15 años, con la barriga afuera y un piercing. Tampoco es cuestión de hacerles pasar pena ajena a nuestros hijos y familiares. Expresarse pero con Ubicatex.

El dinero no compra felicidad.
Esta afirmación que parece no ser cierta en la primera mitad de la vida, se convierte en una realidad en la segunda parte. Porque las personas se dan cuenta que prácticamente siempre los momentos felices que han vivido nada tienen que ver con dinero.
Fijense en Angelina Jolie. Mucho dinero, mucha fama, el cuerpo y cara que yo quisiera para mí, el marido que yo quisiera para mí y ahora con leucemia.

Mantenga sus temores a raya.
Imaginarse problemas futuros, preocuparse más de la cuenta, vivir asustado, es la mejor manera de amargarse la vida. Hay que procurar mantener la mente despejada y fresca el alma.
Nota: Esto está muy bien si vive fuera de Venezuela. Si vive EN Venezuela, no se descuide, fijese bien antes de entrar a su casa o salir en el carro. Aquí no se puede vivir sin un toque de paranoia!

Los días por venir pueden ser mejores que los días del pasado.
Mientras más credibilidad tenga este planteamiento, mayor es la probabilidad de que este deseo se materialice. Porque hay múltiples evidencias que demuestran que mucho de lo que nos sucede es producto de la actitud que tengamos frente a la vida.
REcomiendo ver las películas What the Bleep do we know? y The Secret- A mi ya me han sucedido cosas asombrosas.

No se aísle, sea abierto, sea receptivo, involúcrese con mucha gente, interésese en sus vidas. Así descubrirá aficiones comunes, experiencias enriquecedoras y compañía en los momentos difíciles. Marginarse de la familia o de la sociedad es una forma de acelerar el envejecimiento del corazón.
Como aquí la gente sale cada vez menos, si no tiene un grupo de amigos extenso, compre el Hola y entérese de lo que hacen los ricos y famosos, intereses por sus vidas. Para un presupuesto más bajo, compre la Revista Marcapasos y entérese de lo que hace la gente común y corriente

Hay que ver lo bueno, no sólo lo malo de las transiciones.
Después de los 40 se presentan cambios duros de aceptar, pero en muchos casos esos cambios tienen un componente positivo -se abren puertas a nuevas posibilidades.
La menopausia, por ejemplo, nos libera de esos engorrosos días en que nos mata el dolor de vientre, se nos mancha el pantalón y tenemos que decirle al marido, novio o amante "Hoy no, mi amor". No importa que el cabello se reseque, la piel se arrugue, etc. Veale el lado bueno, ya no hay que gastar en toallas sanitarias

Disfrute de la naturaleza.
Salir al campo o la playa es muy saludable para el cuerpo, la mente, el espíritu y el corazón. Por esas cosas mágicas de la vida, la belleza de lo natural inspira, relaja y distrae.
Trate de no bajar por la trocha, le quita el encanto a la salida

Reconozca que la vida en muchos frentes se descomplica.
Es cierto que para algunas cosas ser joven trae sus ventajas, pero también es verdad que para muchas otras tener cierta edad implica alivio. El 60 por ciento de la gente mayor de 50 años afirma que siente menos estrés, menos ansiedad y más aprecio por la vida que cuando tenían 10 ó 20 años menos.
Otra vez con excepciones. No es el caso en nuestros países del sur donde la mayoría de las personas mayores de 50 años no consiguen trabajo y no tienen ahorros para vivir tranquilos en su vejez. Cuando llegan a esa edad, los que empiezan a preocuparse son los hijos porque ven que van a tener que mantener a los padres ancianos.

Haga trabajo voluntario. Ayudar a personas necesitadas no sólo es una noble causa, sino un gran remedio para tensiones propias. Quienes ayudan al prójimo que sufre registran 72 por ciento más de satisfacción con la vida, que quienes no lo hacen.
Cuando vaya a casa de amigos, ofrezcase voluntariamente a pasar aspiradora, coleto o a planchar la ropa que esta en le pila. Verá que lo invitan más a menudo.

Nunca se rinda.
Sea lo que sea, pase lo que pase, simplemente nunca se rinda. Entréguese a la vida con pasión, por Ud. , por su familia, por sus amigos, por su ciudad, por quienes no conoce y no se rinda. La pasión multiplica las energías y no conoce de edad.
Siga marchando, no importa que aquí eso no sirva para nada. La esperanza es lo último que debe perderse. Seguro que Chavez cae pronto

En la medida de lo posible camine
No use su carro. Estudios demuestran que las personas que se desplazan a pie tienen menores niveles de estrés que los que recorren trayectos similares en vehículos.
Pero en Venezuela, tenga cuidado por dónde camina. No lleve NADA de valor encima, ni siquiera los zapatos.

Comparta lo que sabe.
En la primera mitad de la vida se acumulan abundantes y valiosos conocimientos. Enseñarle a otra persona lo que se ha aprendido es una forma de contribuir a su mejor futuro. Y es una manera de aumentar la autoestima y la sensación de haber vivido una vida interesante.
Eso sí, limitese a contar anecdotas o enseñar cosas a quien se lo pida. No se vaya a converir en un sermón con piernas.

No se guarde sus problemas. Contarle sus dificultades a amigos y familiares, sin convertirse en una carga, es una fórmula efectiva para aliviar presiones nocivas. Los adultos jóvenes, por orgullo, se tragan sus preocupaciones, lo cual produce una gran indigestión emocional. Si tiene una dificultad, coméntela por lo menos a una persona.
Y si quiere muchos oídos, escriba sus problemas en un blog y verá como pronto tiene muchos amigos nuevos

Convierta su hogar en un paraíso. Haga todo lo posible porque su casa sea un sitio ideal: espacio para el descanso, el entretenimiento, una vida familiar estrecha, fuente de tranquilidad, lugar para desarrollar sus pasatiempos, un remanso de paz. Esto le ayudará a aliviar más fácilmente las hostilidades del mundo externo.
Si el presupuesto está escaso para retapizar sus muebles de cuero negro, compre teipe eléctrico y haga una especie de zurcido invicible. Ponga flores que huelan rico, y dibuje en las paredes.

Perdone.
Pensamos que perdonar es algo que hacemos a favor de quienes nos ofenden, pero en realidad el principal beneficiario del perdón es quien lo da, porque descarga su rabia y su dolor.
Perdonar no es un signo de debilidad sino de fortaleza. Ensaye perdonar y verá cuánto gana.
Sin comentarios. Suena mucho más fácil de lo que es.

Asegúrese de que sus alegrías sean muy ruidosas y muy frecuentes que se enteren todos! especialmente su cerebro y su corazón.
Pero tenga compasión con los vecinos. Baje el volumen de la música a una hora prudente.

Vaya más allá de los formalismos.
A partir de cierta edad, para realmente aprovechar las relaciones interpersonales, hay que olvidarse de los títulos, de las cuentas bancarias y de los apellidos ilustres, para concentrarse en la esencia de los seres humanos. Así es cómo se descubren las verdaderas joyas que son las que en realidad alegran la vida. Deje que la humildad se apodere de Ud.
Aprenda de nuestro presidente. Tutee a todo el mundo, bese a la Reina de Inglaterra. Total, todos somos iguales.

Haga deporte
Es fundamental para conservar no sólo la buena salud física sino la mental. Investigaciones comprueban que el principal beneficio del deporte frecuente es de naturaleza sicológica, más que física. Es además, una manera eficaz de despejar los nubarrones y las telarañas que se posan sobre las cabezas sedentarias.
En esta si me rasparon. Por eso ya encargué mi Orbiteck

Tenga amigos muy cercanos.
La gente que tiene buenos amigos logra niveles de satisfacción con su vida 19 por ciento superiores al que tienen los "llaneros solitarios". Y son 23 por ciento más optimistas. Recoja sus amistades de antes y hágalas vivientes ahora. Sino se preocupó por cultivarlas, olvídelo, ellos están en la misma tarea que Ud.
Bueno, recoja a las que le quedan vivas. A estas alturas, empezamos a tachar nombres de nuestra libreta de teléfonos

Vuélvase un "niño".
En lo posible, y sin exagerar, trate de mantener sanas actitudes infantiles: curiosidad, vitalidad, capacidad de reírse con facilidad, gusto por los juegos, sinceridad , el gusto por tocarse y dejarse tocar y un sentido de liviandad.
Esta es la parte que más me gusta. Pregunte todo lo que quiera a la gente que pasa por la calle, sin pena. Diga lo que en realidad hace su papá cuando le pregunten en la calle. No oculte nada, suelte la lengua como los niños, pero cuídese de que le vayan a meter un coñazo por imprudente porque usted no es tan bonito como el niñito de su vecina.


Escuche todo el día la música que le gusta .
La música produce espléndidos efectos positivos en todas las dimensiones del ser humano. Para trabajar, para leer, para cenar, para cantar, para estudiar, para soñar, etc., la música es una compañía perfecta.
Esto ya lo hago con frecuencia. Es maravilloso. Siempre y cuando no sea Ricardo Arjona!


Del libro "La mejor parte de la vida" de David Niven, Ph.D


SE SOLICITAN APORTES A ESTAS SUGERENCIAS!

17.5.07

Corazón de Oro


El hombre entró al recinto del departamento de cardiología furioso con su mujer, con el médico, con las enfermeras y con quien se le atravesara en el camino.

Yo no tengo nada, vámonos para la casa. Hay que ver que eres terca -le decía a la esposa con cara de malas pulgas.

¡Tú te callas! –le respondió ella y, dirigiéndose al doctor, agregó- Es que ustedes los hombres cuando se enferman parecen niñitos malcriados.

El doctor, un regordete cardiólogo con cara de adolescente (con acné, piel rosada y el pelo negro alborotado con remolino en el tope), tomó al hombre por el brazo mostrando una actitud condescendiente y lo sentó en una camilla. Le describió brevemente el procedimiento que le iban a hacer para detectar si el dolor de brazo que le había dado esa mañana, cuando caminaba en el parque, tenía algo que ver con el funcionamiento de su corazón.

La prueba de esfuerzo no salió bien – les explicó al hombre y a su mujer - Así que tenemos que explorar más a fondo.

Al hombre ya no le quedó más remedio. Entre el médico y su mujer lo tenían arrinconado. Estaba, como quien dice, montado en la olla. Lo sedaron, lo jorungaron, lo durmieron (quién sabe por cuanto tiempo) y cuando despertó en una cama de hospital, lo primero que supo es que tenía dos tubos de algún material extraño dentro de su cuerpo y que su mujer y él debían cerca de treinta y dos millones de bolívares a la tarjeta de crédito. O sea, que eran varios millones de bolívares más pobres que esa mañana y él tenía un dolor espantoso en la ingle, por donde habían entrado los tubos investigadores, los tubos reparadores y quién sabe qué otra cosa o sustancia.

Nunca se supo (ni se sabrá) si el procedimiento fue algo realmente necesario o si el doctor les mostró la película interna de algún otro paciente para explicar cómo un gas que podría haberle molestado al hombre por la mañana, se había convertido en una obstrucción cardiaca severa y, gracias a ellos (el hombre y su mujer), a su ingenuidad y buenas intenciones, pudo pagar el viaje de segunda luna de miel que le había prometido esa mañana a su mujer después de haber llegado anoche tardísimo y con pintura de labios en el cuello de la camisa.

Lo único seguro es que hoy el señor y su mujer siguen inventando cosas para ponerse al día en los pagos a la tarjeta de crédito, gastan un dineral en medicinas post operatorias, el hombre se queja de que le salvaron la vida, la mujer se queja por no haber enviudado y el doctor salió en una foto abrazando a su mujer en un crucero por las islas griegas; sonriendo con orgullo.

13.5.07

Cachorros de la Familia


Primera celebración del Día de la Madre con todos los cachorros lunáticos de las brujas Salas.
(Nótese que por ahora no hay ningún ingeniero o abogado. Tenemos diseñadores, futuros periodistas, escritores, músicos, paracaidistas, chef, publicistas, futbolistas y probables poetas o titiriteros... No sé cómo van a mantener a las mamás!)

El magno evento se realizó en la nueva residencia de los Chacón González en Caracas.
Por primera vez en muchos años la convocatoria logró reunir a las 3 hermanas Salas con sus hijos y nietos. Tres generaciones, para seguir con el número 3.
Faltaron Rodrigo que estaba en el cine, las morochas Herrera que viven en Suecia, los tres González que viven en Missisipi, Sofía que está haciendo postgrado en Ecuador y Chilín que nos estaba viendo desde su nube. 21 cachorros en total.

Adivinanza: En esta foto hay dos cachorros de La Gata Insomne, dos cachorros de Días de Madre y dos cachorros de Poco de Mucho. A ver si adivinan quién es de quién!

PD. Además del Día de la Madre, celebramos también el cumpleaños cincuenta y dele de uno de los pocos adosados políticos que quedan en este casi completo matriarcado: Sigfredo Chacón (artista plástico pero con suerte!)

11.5.07

Tres Tulipanes para todas las Madres, en su día






Madres de sangre

Madres de crianza

Madres a medias

Madres gallinas

Madres estrictas

Madres amigas

Madres a duras penas

Madres desesperadas

Madres amas de casa

Madres chofer

Madres profesora particular

Madres ejecutivas

Madres trabajadoras

Madres de la calle

Madres solteras solas

Madres solteras acompañadas

Madres casadas solas

Madres esposas

Madres amantes

Madres viudas

Madres jóvenes

Madres maduras

Madres menopáusicas

Madres ancianas

Madres con nido vacío

Madres con nido repleto

Madres tías, tías Madres

Madres madrinas, madrinas Madres

Madres hermanas, hermanas Madres

Madres hijas, hijas Madres

Madres abuelas, abuelas Madres

Madres de mascotas

Madres de alumnos

Madres de huérfanos y abandonados

Madres lejos

Madres cerca

Madres alegres

Madres tristes

Madres sanas

Madres enfermas

Madres idas

Madres de idos

A las Madres Padres

………………………………………Y a los Padres Madres, que también hay muchos






7.5.07

Puntos Suspensivos (Tres)

Así ando, en suspenso... Con mucho que decirp ero sin saber cómo.S i todavía existiera el limbo diría que estoy flotando en él. No encuentro palabras para describir las ideas, imágenes, sonidos, olores y sensaciones. A veces me pasa. Con frecuencia. Cuando sepa o cuando pueda, regreso. Algo con el número 3. Los 3 últimos posts
3 caminos frente a mí.
3 hijos
Padre, madre y hermana
A la tercera va la vencida...

Regreso en 3 días...
Creo.

28.4.07

Tres Minutos

Ayer viernes por la mañana, Patricia estaba preparando las cosas para irse a pasar unos días en la playa, aprovechando el puente del primero de mayo, Día del Trabajador. Se llevaba a sus dos hijos pequeños y un sobrinito. La hija mayor se quedaría en Caracas, o estaba de viaje, pero no iría. Irían también otras amigas con sus niños. Amigas que se habían puesto de acuerdo para pasar unos días de descanso en un club de playa cerca de la capital. Los niños jugarían mientras ellas se echaban cuentos de cómo pasaban sus días. Todo era perfecto. Planificaron que Silvia se iría con Patricia. Isabel y su hijo Diego se irían un poco más tarde. Silvia estaba retrasada y su madre le sugirió que no hiciera esperar a Patricia, que mejor se fuera con Isabel para que le diera tiempo de terminar las cosas que tenía que hacer en Caracas. Patricia ya estaba en la camioneta con los niños. El pequeño, justo en el momento de salir, le pudo haber dicho, como suelen hacer los niños justo a última hora, que tenía ganas de hacer pipí y Patricia, como madre paciente, lo bajaría del carro y esperaría a que hiciera. Luego le ayudaría a subir sus pantaloncitos porque él aún era pequeño.

Pudo haber mirado el reloj. Haber visto que habían pasado tres minutos. Tres minutos de retraso. ¿Pero quién se fija en esos tres minutos si ni siquiera sabe qué significarán más tarde?
Nadie. Como tampoco nadie está midiendo lo que cambiará en el camino si le agarra a uno un semáforo en rojo, si uno acelera para pasar a una anciana que maneja lento, si uno frena para no pisar a un perro que cruza la calle distraído.

Mientrás tanto, el destino se va tejiendo, puntada a puntada, de una manera precisa y estricta sin que nadie se percate de lo que está tramándose en esa dimensión desconocida.

Silvia terminó yéndonse a la playa con Isabel y Diego, cuarenta y cinco minutos más tarde. Les agarró una cola de puta madre. Seguro fue un accidente, le comenta Isabel a Silvia, vamos a llamar a Patricia a avisarle que llegaremos más tarde.
La llama al celular, atiende un hombre, señora, hubo un accidente, a los pasajeros de este carro se los llevaron a un hospital.

Tres minutos que pudieron hacer la diferencia en el orden de la más de media docena de autos afectados en el accidente.
Tres minutos que pusieron el auto de Patricia debajo de una gandola que perdió el control.

Un segundero implacable que nos cambia la vida en menos de lo que canta un gallo, o en menos de lo que tarda un niño en hacer pipí antes de salir hacia la playa.
Miles de carros desplazándose entre Caracas y La Guaira.
Una gandola sin frenos.
Varios carros con personas dentro, involucrados en el accidente.
Veintitantos heridos y dos muertos: el hijo menor de Patricia y su sobrino, Juan Antonio y José Antonio.

Quizás si al chico no le hubieran dado ganas de ir al baño, los muertos en el accidente hubieran sido otros. Quizás... quizás... nunca se sabrá.

Nuestros segundos estan contados desde el momento en el que vinimos a este mundo del que tan poco sabemos y contra el cual estamos indefensos. Lo único seguro, que nos espera a todos, es la muerte. Antes o después.

Tres minutos de silencio y reflexión.

Tres minutos de amor para Patricia, Guillermo, José Antonio, Yolanda, sus hermanitos, abuelos, tíos y toda la familia de los dos niños a quienes el destino se quiso llevar este fin de semana de abril, porque eso es lo único que se les puede ofrecer.

Tres minutos para reconocer que hoy estamos pero mañana no lo sabemos, que hay que vivir el día a día, minuto a minuto, como si fueran los últimos que vamos a vivir.


25.4.07

Tres Puñaladas




Hoy le tocó a él.
Mañana le puede tocar a cualquiera de nosotros o a uno de nuestros hijos.
Vivimos en una ciudad "maldita" y no hacemos nada.
Sólo decimos "gracias a dios, podría haber sido peor". Estas fueron palabras de Leonardo Padrón en el programa radial de César Miguel Rondón, esta mañana.
Y si nos ponemos a ver, es cierto, hubiera podido ser peor:
Los hampones hubieran podido apuñalar también a la hija del actor, al yerno, a toda la familia de la amiga -a quienes estaban asaltando cuando llegó Chimaras. Después hubieran podido, entrar en las casas vecinas y matar a todo el mundo con ametralladoras -como hacen en los colegios americanos-, esperar escondidos a que llegara la policía, si es que llegaba en algún momento y hacer estallar una bomba donde murieran todos, ellos incluidos, menos uno, el que saldría con el carro bomba para estrellarse contra alguna iglesia de la que saldría, minutos antes, el piloto que chocaría el avión que le tocaba volar esa tarde contra las torres de Parque Central, avión en donde viajaría, casualmente, alguno de los hijos del presidente.
Gracias a Dios esta vez sólo fueron tres puñaladas a un actor de telenovelas.
En este caso, fue peor que el robo de un carro, un reloj o unos zapatos deportivos... pero, hubiera podido ser peor.
Estas cosas siguen pasando en todos los rincones del país, todos los días. Y cada vez se ira poniendo peor y cada vez habrá más impunidad.
¿Hasta cuándo?

PD. No creo en las casualidades. Hoy termina "Ciudad Bendita".
Yo nunca la vi. En la realidad, terminó hace años.
El hampa no perdona color. Yanis estaba con el proceso.

Noticia completa aquí

22.4.07

Tres Voces



I

Ella estaba inmersa en un libro para no ahogarse en el insomnio y se sobresaltó al oír el teléfono. Eran horas de malas noticias - pensó- porque a esas horas sólo llama alguien que tiene que dar una mala noticia… o alguien con unos tragos de más, como solía estar él cuando le daba por llamar de madrugada. Pero ella no lo esperaba, habían pasado tres años desde la última vez.

Levantó el auricular antes de que sonara el timbre de nuevo. No quería que otros en casa se despertaran porque podrían venir preguntas que ella quizás no sería capaz de responder.

-¿Sí? ¿Quién llama?- preguntó expectante.

-Hola amor ¿estabas dormida?

-¿Quién es? – disimuló ella para ganar tiempo porque, al reconocerle, sintió una extraña mezcla de miedo y triunfo.

-¿Ya no me conoces la voz?

-¡Ah!…. Tú… ¿Y esa sorpresa?

-Te amo ¿sabes?.. y es que pasa el tiempo y no se me quita… no puedo evitarlo. Quiero verte, necesito verte ahora.

-Ah…– parca ella, con voz de fastidio, haciendo lo posible para que no se notara el temblor de sus piernas, de sus manos y de su conciencia; para tratar de no notarlo ella misma.

- Ahora no puedo hablar mucho.

-Sí… claro… está bien.

-¿Podemos vernos mañana, donde siempre?

-¿A qué hora ?

-¿A las 10?

-Está bien.

-¿Amor?

-Que…

-¿Hasta mañana?

-Hasta mañana.

Y allí estaba ella a las diez, puntual como siempre. Él la esperaba en la mesa del fondo, la que no se veía desde la entrada, la que los había escondido tantas veces, durante tantos años.

Él la vio acercarse y se levantó para abrazarla. Ella se dejó sin mucho esfuerzo. Se sentaron, pidieron el café de siempre, callados, sólo mirándose porque las palabras sobraban. No había mucho que decir, ya se lo habían dicho muchas veces. Todo parecía igual, un “deja vu” de tantos encuentros similares. Pero habían cambiado muchas cosas, habían pasado tres años desde el último encuentro. Él tenía una hija nueva y ella un segundo marido recién estrenado.

Hablaron de tonterías, ¿Cómo te ha ido?, ¡qué calor ha estado haciendo!, supe que cerraron la empresa donde trabajabas… Pero no hablaron de su respectivos cónyuges porque ambos sabían que, al haber entrado otro participante en el juego, las reglas tenían forzosamente que cambiar. Ahora el dado lo tenía Ana en la mano. Y había venido porque Guillermo estaba de viaje…y Marcos se había enterado… y se había tomado unos tragos… y la había llamado de madrugada… y la había tomado por sorpresa…y ella se moría de ganas de verlo… y…

Ahora estaban allí, sentados, uno frente al otro, sin saber hacia dónde iban.

Él movió la pierna para rozar la de ella debajo de la mesa. Ella sintió el mismo cortocircuito que la había hecho perder la cabeza siete años atrás, cuando había comenzado esta historia. Y se asustó. Pensó en Guillermo, su nuevo marido, a quien quería tanto; remiró a Marcos, a quien también quería por razones diferentes. Y no pudo resolverlo en ese instante, porque al corazón nadie lo entiende, sobre todo al corazón de las mujeres. Ella sabía lo que vendría después de aquel roce de piernas, también sabía lo que estaría arriesgando si se dejaba llevar por el deseo. Y no se atrevió. Esta vez no se atrevió.

“Habría aceptado sin pensarlo… – dijo, al tiempo que se levantaba de la mesa, rápida y torpemente, evitando mirarle a los ojos – si me hubieses invitado hace un año… o dos. Ahora no. Quizás otro día… o el año que viene… no lo sé. Total, entre nosotros parece que el tiempo no existe”.

Y ante la mirada resignada de él, Ana tomó su cartera, se acercó a besarle en la mejilla y al darse vuelta, con la intención de desaparecer, por descuido o adrede, empujó la taza al suelo. Aquella taza que contuvo mucho más que el café que acababan de tomar juntos: las ganas, las dudas, los miedos y la pasión de ambos.

II

Me había tomado unos tragos. Dos en casa antes de cenar y otros cuatro en el bar de la esquina, donde solía ir cuando necesitaba aire fresco y descansar de la agobiante pesadez de la rutina de casa, de los chicos gritando por el turno para asesinar alienígenas en el video juego, de mi suegra reclamando a mi mujer que la comida estaba muy salada…y decidí llamarla. Ella no me esperaba, habían pasado tres años desde la ultima vez.

Levantó el auricular antes de que repicara por segunda vez. Seguramente porque no quiso que sus hijos se despertaran. Seguramente pensó que era una mala noticia… por la hora, porque las mujeres siempre piensan lo peor cuando el teléfono suena de madrugada

-¿Sí? ¿Quién llama?- preguntó sobresaltada.

-Hola amor ¿estabas dormida?- le dije, emocionado al oír su voz de nuevo.

-¿Quién es? – preguntó ella.

-¿Ya no me conoces la voz?- le dije sonriendo para mí mismo, porque sabía que ella conocía mi voz más de lo que nunca querría reconocerlo.

-¡Ah!…. Tú… ¿Y esa sorpresa?

-Te amo ¿sabes?.. y es que pasa el tiempo y no se me quita… no puedo evitarlo. Quiero verte, necesito verte ahora.

-Ah…– parca ella, con voz de fastidio, haciendo lo posible para que no se notara el temblor de sus piernas, de sus manos y de su conciencia; pero yo la conocía muy bien y podía sentirla a través del hilo telefónico.

- Ahora no puedo hablar mucho.

-Sí… claro… está bien.

-¿Podemos vernos mañana… donde siempre?

-¿A qué hora ?

-¿A las 10?

-Está bien.

-¿Amor?

-Que…

-¿Hasta mañana?

-Hasta mañana.

Y allí estaba ella a las diez, puntual como siempre. Yo la esperaba en la mesa del fondo, la que no se veía desde la entrada, la que nos había escondido tantas veces, durante tantos años.

La vi acercarse, me levanté de inmediato para abrazarla y ella sólo se dejó. Nos sentamos, pedimos el café de siempre, callados, solo mirándonos porque las palabras sobraban. No había mucho que decir, ya nos lo habíamos dicho muchas veces. Nada parecía haber cambiado. Pero sí habían cambiado muchas cosas, habían pasado tres años desde nuestro último encuentro. Yo tenía una hija nueva y ella un segundo marido recién estrenado, a quien yo conocía solo de vista.

Hablamos de tonterías, creo que los dos estábamos igual de nerviosos. De lo único que no hablamos fue de nuestros respectivos cónyuges, porque ambos sabíamos que al haber entrado otro participante en el juego, las reglas tenían forzosamente que cambiar. Ahora el dado lo tenía ella en la mano. Seguro que se había atrevido a venir sólo porque su marido (¿Guillermo es que se llama?) estaba de viaje…y yo me había enterado… y me había tomado unos tragos… y la había llamado de madrugada… y la había tomado por sorpresa… y aquí estábamos, sentados, uno frente al otro, y yo queriendo llevármela a la habitación del hotel enseguida.

Le rocé la pierna por debajo de la mesa. Ella se estremeció igual que la primera vez que la toqué siete años atrás, cuando comenzó esta historia. Y se asustó, de eso estoy seguro porque retiró su pierna de golpe y comenzó a mirar el techo. Debe haberse puesto a pensar en el marido nuevo, a quien dice querer tanto, luego debe haber recordado lo bien que la pasábamos juntos, porque me sonrió con ternura. Sé que siempre le he gustado tanto como ella a mí. Pero algo pasó dentro de su cabeza y parece que no pudo resolverlo en ese instante, porque es que a las mujeres no hay quien las entienda. Ella sabía lo que vendría después de aquel roce de piernas, seguramente lo sabía desde que me oyó la voz al teléfono. Y no se atrevió. Esta vez no se atrevió. ¿Entonces – pensé- para que carajo habrá venido?

“Habría aceptado sin pensarlo… – me dijo, al tiempo que se levantaba de la mesa, rápida e torpemente, evitando mirarme a los ojos – si me hubieses invitado hace un año…o dos. Ahora no. Quizás otro día… o el año que viene…total…

Se paró de golpe agarrando su cartera y tumbó la taza de café. Me besó en la mejilla y salió volando.

Esperé hasta que desapareció por las escaleras mecánicas, siempre con la esperanza de que el arrepentimiento la trajera de vuelta a mis brazos pero al ver que esta vez no tuve suerte le pedí a Martín, el mesero, que me trajera un whisky doble para apaciguar mis ganas que se habían quedado en el espacio vacío de la taza en el suelo.

III

Martín conocía a Marcos desde hace muchos años. Era un cliente habitual del café en donde trabajaba desde que tenía memoria. Siempre, además, se sentaba en la misma mesa, lo que variaba era la compañía. Las más de las veces eran amigos o clientes, pero otras, no menos frecuentes, eran mujeres. De las mujeres, Martín recordaba a Ana porque se había sentado en la misma silla por lo menos una vez a la semana durante muchos años (ya no recordaba cuántos) y se sorprendió al verla hoy porque hacía mucho que no la veía. (¿Unos tres años?).

Por esas casualidades de la vida, la hermana de Martín, Dominga, trabajaba para Ana como servicio doméstico, cuidándole a los niños. Martín no recordaba cómo, quizás por una fotografía que Dominga trajo a casa, había hecho la conexión entre la patrona de Dominga y la amiga de Marcos.

- A ésta señora yo la conozco – le había dicho Martín a Dominga –. Estuvo muchas veces por el
café.

Desde entonces Dominga, a quien le encantaba un chisme, lo mantenía al tanto de las nuevas en la vida de su patrona y así era que Martín supo que Ana se había casado en segundas nupcias hace un poco menos de un año con un tal señor Guillermo.

Cuando la vio llegar esa mañana al café, poco después que Marcos se había adueñado de la mesa del fondo, Martín sintió curiosidad y para enterarse de lo que pasaba, se puso a ordenar metódicamente los cubiertos y servilletas de las mesas contiguas. Los vio hablando. También vio cuando Marcos rozó la pierna de Ana por debajo de la mesa.

Poco después, Martín recogía la taza del suelo y tomaba el pedido de whisky que le hizo Marcos. Ya sabía él que Ana no regresaría al café por mucho tiempo y que Marcos estaría rozando la pierna de alguna de sus amigas a más tardar al final de esa semana.

14.4.07

De Árboles y Manzanas



Hay un momento en la vida que a todos (o casi a todos) nos da por buscar nuestras raíces. No sé si tiene que ver con la edad, con las circunstancias de la vida o con la personalidad.

En mi caso, un primo hermano de mi madre -a quien llamamos el ciber tío (José Antonio Salas)- me inoculó el año pasado el deseo de encontrarme con aquellos familiares lejanos de los cuales no tenía ni la menor idea de su existencia.
Él, quien es un fanático y genio del mundo web, con 85 años llenos de una vitalidad envidiable (nuestra familia es longeva pero no tan vital como él), encontró hasta una receta de cocina (una torta de MANZANA) en el Lago di Como.
Nuestro apellido Salas, fue en realidad un inve
nto de mi tatarabuelo, Giuseppe Corti. Aún no sabemos por qué razón se cambió el Corti por el Salas cuando vino de Italia a Venezuela. Algunos dicen que fue por razones políticas, otros pensamos -porque nos gustan los cuentos y películas de ficción- que Giuseppe era algún capo de la mafia. Esperamos encontrar la razón algún día o mejor no, para seguir soñando historias.
El año pasado, el tío José Antonio, comenzó a buscar a Cortis en Skype. Encontró que veníamos de la región del Lago Di Como, en Como, Lombardía. Allá casi todos los habitantes tienen el apellido Corti!
También encontró a una prima lejana que vive en Argentina: Gladys Valdamarin Corti. A partir de sus descubrimientos algunos miembros de la familia comenzamos a trabajar junto a él, con un programa especial para esto (Genopro), pero era difícil unir esfuerzos porque nunca nos veíamos y algunos viven muy lejos en el mundo.

Ahora, gracias al dato que me pasó una amiga, estamos regando el árbol que ya ha alcanzado proporciones nada despreciables para tener sólo unos días en el espacio virtual.

Si a alguno o alguna de ustedes les interesa comenzar su propio árbol, entren aquí
y empiecen a regar la semilla. De pronto algunas ramas se entrecruzan con el nuestro.
Quién sabe. Al final, todos comimos de la misma manzana alguna vez.

Y para compartir el pecado original, aquí les envío la receta de la Torta de Manzana Corti. Derechos reservados, no preparar para vender sin nuestra autorización! Y llamarla, siempre, TORTA CORTI.

TORTA DE MANZANA CORTI

(Receta de Gladys Valdamarin Corti)

Ingredientes:


Parte 1:

2 tazas de harina leudante

1 taza de azúcar

100 gramos de mantequilla


Parte 2:

2 huevos

1 taza de leche

2 manzanas ácidas o las que haya.


Unir (1) deshaciendo la mantequilla con un tenedor

-Poner la mitad de esta preparación en un molde enmantecado y enharinado

-Luego poner las manzanas peladas y cortadas en rodajas finas

-Cubrir con el resto de la primera preparación.

Batir para unir la preparación 2 y cubrir con el líquido la preparación en el molde.

Espolvorear con abundante azúcar y cocinar en horno moderado 45 minutos.

Si no existe la harina leudante, hay que agregarle a la harina común, 2 cucharaditas de polvo de hornear Royal o el que se consiga. Y tamizarla para que se distribuya bien.

Esta es la receta básica familiar..ahora, cada quién le adiciona algo más..como por ejemplo nueces o esencia de vainilla..A dejar volar la imaginación y disfrutarla con un rico café!

Sugerencias de la Tía Lilita (la única que hasta ahora ha preparado la torta y a quién le queda deliciosa): Haz la parte 1 en un procesador de alimentos, es mejor. Yo pongo las manzanas en limón y les pongo canela. De resto todo igual. Tendrás una sorpresa

7.4.07

Hasta que la muerte o el abogado nos separen


Fotografía: MDTorres


Empecé a trabajar con la fotografía hace muchos años. Mi especialidad siempre fueron los niños. Ahora, esos niños han crecido y se están casando. Nunca imaginé que terminaría tomando fotos de matrimonios, pero la vida da muchas vueltas.

Es algo irónico que justamente haya empezado en esta rama de la fotografía después de mis dos fracasos maritales, cuando he llegado a una etapa de mi vida en la que pienso que convivir con otra persona es la tarea más jodida que nos impone la vida a los seres humanos. Sobre todo cuando se trata de una pareja, que no es de nuestra propia sangre y a quien no le hemos dado la vida, como a los hijos, de los que a veces también nos provoca divorciarnos, pero eso no existe.

Cuando tengo en el visor de la cámara esas miradas de amor como la de la foto, de inmediato me viene a la cabeza una imagen, con los mismos personajes, pero dentro de unos añitos, por no decir meses. Ella gritándole a él dónde coño estuvo hasta tan tarde. Él, medio sarataco, diciéndole que no es lo que ella piensa.

Y cuando contestan al cuestionario del padre o rabino, y juran permanecer juntos hasta que la muerte los separe, se me aparece -como en una alucinación- parado junto a ellos, el o la abogada que los divorciará años después, activando un cronómetro gigantesco que lleva en la mano, justo cuando el sacerdote dice, pueden besarse.

Cuando dicen el “Sí, acepto”, lejos están de imaginarse las frases que vendrán después. “Coño, volviste a dejar la poceta mojada”, “en esta casa nunca hay nada que comer”, “te toca levantarte a cambiarle el pañal al bebé”, “no, yo trabajo mañana y tu no haces un coño en todo el día”, “¿un coño? Qué bolas tienes tú, si quieres yo me voy a tu oficina y tú te encargas de los 3 chamos todo el día de mañana”, “esta noche no, me duele la cabeza, el vientre, tengo la regla, estoy mamada”, “a ti siempre te duele algo”, “tú mamá es una metida”, “con mi familia no te metas”, “¿Qué te pasa?” , “¿A mi? Nada. Deja la preguntadera”…

Admiro a las parejas que han ganado en la lucha contra la convivencia y que han logrado sobrevivir como matrimonio a los miles -o más bien millones- de momentos en los que lo que provoca es salir corriendo cuando no cometer un asesinato, a veces múltiple. Pero admiro a los que han sobrevivido y hacen de verdad una buena pareja, no a los que se han mantenido juntos por las apariencias, por el interés económico, por el miedo a quedarse solos. Esos hacen mucho más daño a las parejas que vendrán, dando a sus hijos una idea ficticia de lo que es un matrimonio bueno.

Confieso envidiar esa mirada de amor en los recién casados que piensan que todo será tan lindo como la ceremonia, la fiesta, el vestido y el álbum de fotos.

Ojalá pudiéramos quedarnos a vivir en ese momento, congelados, hasta que la muerte nos separe.

Nota: Para los lectores no venezolanos, he puesto un link al diccionario de venezolanismos (La Chuleta Venezolana -dícese Chuleta a los apuntes en papel, en la piel o en la pared, que preparan los estudiantes venezolanos para copiarse en los exámenes del colegio o universidad) en la columna derecha del blog. Allí pueden buscar todos los términos que les suenen raros. Una manera de ayudarles a entender nuestro idioma particular.

28.3.07

A mi mamá le duele la cabeza

Homenaje a todas las madres y los padres de esta generación, o sea, las madres y padres de los niños que han nacido como desde 1985 para acá.
Que si tienen ADD, que si son ODD, que si son "indigos", que si son sobredotados, que si hay que darles libertad para que sean creativos.
En realidad son abusadores de padres indefensos y !NADIE habla de la violencia de los niños hacia los padres!
Este es también un texto de reflexión para todos esos jóvenes de hoy que parecen ser los padres de nosotros, sus padres.


Foto MDTorres

a Ale, mi amado tormento

I

Mi nombre es Sebastián y tengo cinco años. Tengo un papá, una mamá, una hermana grande -que tiene un novio-, un hermano mediano, un perro negro y muchísima, pero muchísima, tarea que hacer todos los días. A veces tengo una señora que viene a trabajar por algún tiempo a la casa y que cuando se va, porque se le murió algún pariente, mi mamá grita mucho más que en días normales y le duele la cabeza todas las tardes.

Antes de vivir en esta casa con jardín, vivíamos en un apartamento. Allá yo tenía a un señor y su esposa que vivían en el piso de abajo y llamaban todas las tardes a mi mamá para que nos mandara a callar o para que no nos dejara correr de la sala al cuarto y viceversa. Entonces mamá nos amenazaba y nos juraba que si no nos quedábamos tranquilos, nos iba a mandar a vivir con los señores de abajo por un mes, a ver si nos “acomodábamos”. Menos mal que nos mudamos a esta casa con jardín porque aquí podemos hacer todo el ruido que queramos y nadie viene a regañarnos; solo mamá cuando le duele la cabeza.

II

Cuando yo salí de la barriga de mamá, ya Camila (mi hermana grande) y Tomás (mi hermano mediano), estaban en el apartamento. Recuerdo que yo lloraba mucho todas las noches porque me gustaba que mamá viniera a mi cuarto, me sacara de la cuna y me prestara su teta para chuparla un rato. Y no era que yo tuviera hambre a esa hora, pero hacía como que tenía el estomago vacío porque me encantaba estar solo con mamá en el sofá azul, con aquel calorcito sabroso y aquella teta suculenta para mí solito. Claro que luego crecí y me cambiaron la teta por un tetero y un chupón que, aunque no eran la misma cosa, me ayudaban un poco a calmar aquella etapa oral aguda que nos estaba matando tanto a mamá como a mí.

Cuando ya me bajaba solo de la cuna y comía sopitas de verduras licuadas, mis padres decidieron ponerme a dormir en el mismo cuarto con Tomás para que él no tuviera miedo a la oscuridad y se le quitaran las pesadillas. En ese momento empezó realmente nuestra amistad y, aunque él no hace sino quejarse de mí y decir que soy una “ladilla”, estoy seguro de que me necesita tanto como yo a él. (A propósito, ¿qué será una ladilla?)

Nuestro cuarto era “finísimo”. Entre los dos teníamos una inmensa colección de calcomanías pegadas en todas las puertas del closet y dos estanterías llenas de dinosaurios y monstruos que de noche hacían como que se querían bajar de allí para meterse en nuestros sueños. También teníamos nuestro cielo privado hecho por mamá, a imagen y semejanza del de verdad verdad. Cada noche, cuando ella venía a arroparnos, cerraba la puerta para que no entrara luz y, bajo nuestras estrellas de plástico fosforescente, jugábamos al juego de apretar cada una de las partes de nuestro cuerpo para después soltarlas y, por último, la parte que más nos gustaba, que era cuando una gran mano invisible nos levantaba hacia el Universo estrellado para luego depositarnos suavemente en nuestras camas y arroparnos con amor.

Mamá y papá dormían en el cuarto más grande y tenían la cama más amplia y suave de todo el apartamento. Además tenían la mejor televisión y el único VHS del hogar donde nosotros podíamos ver películas, siempre y cuando ellos no estuvieran cansados o quisieran estar solos para hablar cosas “de grandes”. Cuando esto sucedía, mi hermano y yo nos poníamos bravos y empezábamos a utilizar todas las técnicas de nuestro repertorio, a las que papá y mamá llaman caprichos, para lograr nuestro objetivo final: estar en el cuarto grande, viendo la tele grande y saltando en la cama grande.

III

Después de vivir allí los cuatro primeros años de mi vida, papá y mamá nos anunciaron que nos íbamos a mudar a la casa de al lado de nuestra prima Mariela, hija de la tía Carmen, hermana de papá. Tanto Camila como Tomás y yo nos opusimos firmemente a aquella resolución inconsulta y dictatorialmente asumida, pero de nada valieron nuestras opiniones y pronto estuvimos metiendo todo nuestro arsenal de armas y juguetes en los gigantescos camiones de la compañía de mudanzas.

Lo único bueno de todo este asunto de cambiar de hogar era que ahora Felipe, el perro que habíamos comprado, iba a tener mucho espacio para correr en el jardín de la nueva casa y también que íbamos a poder jugar todos los días con Mariela y su hermano Pedro. Además, papá y mamá nos prometieron que la casa era segura y que nunca se meterían los ladrones, cosa que, no tanto a mí como a Tomás, nos tenía aterrorizados por haber oído todas esas noticias por televisión acerca de “la inseguridad en la que vive el país”.

El mayor problema de todo este asunto de la mudanza fue que al pisar la casa nueva y justo el día en que se fue la señora de servicio de turno, a mi mamá le empezó a doler la cabeza, inevitablemente, casi todas las tardes. Esto era realmente terrible ya que, si bien habíamos salido por fin de los vecinos de abajo, ahora teníamos la cabeza de mamá metida en nuestra propia casa todos los días. Yo no sé cuál era la causa de aquél dolor pues, hasta donde yo podía percatarme, nosotros, sus hijos, siempre nos portábamos de maravilla.

IV

Para que ustedes mismos puedan juzgar la situación, yo les voy a contar cómo transcurre un día común y corriente dentro de nuestra familia: A las seis menos cinco de la mañana suena el primer despertador de la casa que por supuesto, es el de mamá. Ella entonces aprieta un botoncito amarillo que le permite dormir cinco minutos más antes de que vuelva a sonar el estruendoso pito. Cuando por fin se levanta, entra en nuestro cuarto y se mete en la cama de Tomás quien es, de nosotros los varones, el que más dócilmente se despierta. Mientras ella hace cariños suaves en la espalda de mi hermano ya han sonado los despertadores de Papá y de Camila, quienes se ocupan solitos de su preparación matinal. Una vez despierto Tomás, Mamá procede a meterse en mi cama y con una voz suave y una “rascadita” en mi espalda, me pide humildemente que me levante porque ya es tarde y Papá va a llegar retrasado a su trabajo.

Yo, que siempre estoy muy cansado y con poquísimas ganas de ir al colegio, me hago el loco lo más que puedo y cuando ya es inevitable, me pongo a dar gritos y a quejarme, con la esperanza de que Mamá se canse de mí y me deje dormir tranquilo y bruto, porque según ella si no voy al colegio me quedo bruto. Mamá entonces empieza poco a poco a ponerse intranquila. Como primera medida me dice que se va para abajo a tomar su café. Es en ese momento cuando yo hago mi último esfuerzo y gruño una vez más. A veces viene Papá a recordarme lo de la brutalidad, pero en general termina Mamá por cargarme hasta el comedor con la esperanza de que yo me pacifique.

Al llegar a mi silla pongo en práctica la segunda fase del plan, para la cual tengo dos versiones. La de invierno es que si prenden la luz grito porque me molesta en los ojos y entonces la tienen que apagar y desayunamos todos en la oscuridad total, y la de verano es que no puedo sentarme en la silla ya que ésta es de metal y me da frío en el culo. Como quiera que sea, pasamos a la tercera fase. Ya para estos momentos Mamá perdió toda la paciencia que pudo acumular entre la noche anterior y la madrugada, por lo que desde este momento y hasta que me voy al colegio, la comunicación se establece a elevados decibeles y Papá ya ha cerrado la puerta de su cuarto, desde donde nos llegan notas musicales de jazz que a Mamá parecen molestarle casi tanto como mis gritos y gruñidos.

V

Pero bien, iba a describirles la tercera fase en la que siempre discuto para que me echen un poco más de leche en el plato del cereal. No importa mucho cuanto me haya sido servida originalmente, yo siempre pido un poco más. Entiendan ustedes que a estas alturas de la batalla yo siempre tengo que ganar o por lo menos intentarlo todo para que así sea. Una vez servida la leche a mi entera satisfacción, viene la parte del Nesquick (chocolate en polvo que, si se usa en exceso, puede ocasionar una enfermedad terrible llamada diabetes – según las amenazas de mamá). El problema es que yo siempre quiero la leche bien oscurecida por el cacao y mamá siempre me dice que tanto chocolate es malo para la salud. En esta discusión siempre pasamos otro rato a volúmenes intolerables.

Cuando por fin considero que la oscuridad de la leche ha llegado a un punto razonablemente equilibrado entre mis aberraciones cromáticas y la salud que tanto preocupa a mi madre, ella ya ha subido a nuestro cuarto para sacar el uniforme que tendremos que ponernos. Entonces yo empiezo a llamarla vociferando para que vuelva a bajar las escaleras y me sirva el cereal, cosa que podría hacer yo mismo si no me diera tanta flojera. En esta etapa ya ella se hace la sorda por lo que yo tengo que arreglarme para que el cereal me sea servido por alguno de mis hermanos o por la señora de servicio de turno. Como soy parsimonioso y no me gusta que me apuren, comienzo a comer mi cereal de una manera pausada y metódica mientras calcúlo mentalmente el tiempo que pasará antes de que mamá salga de su silencio y pegue otro grito para que me apure porque si no me voy a tener que ir al colegio sin desayunar y desnudo. ¿Se pueden imaginar lo ridículo que me vería llegando desnudo al colegio? Yo sé que ella nunca sería capaz.

Al fin termino mi cereal y subo penosamente cada escalón. Al llegar arriba siempre peleo con mi hermana grande que se antoja de estar metida en el baño justo cuando ya no aguanto las ganas de hacer pipí. Una vez vaciada mi vejiga y sin tener la precaución de bajar la poceta, me dirijo a mi cuarto donde ineludiblemente se encuentra mi madre sentada en mi cama con cara de pocos amigos. La pobre lleva meses intentando enseñarme cómo debo vestirme solo, pero a mí me es más cómodo hacerme el bruto o mostrarme auténticamente arrepentido de todo lo acontecido anteriormente. Entonces ella me abraza y me dice que me quiere mucho pero que no me estoy portando bien, me sienta en la cama y me pone, en orden estrictamente irreemplazable, los calzoncillos, las medias, la franela, los pantalones y los zapatos. Aquí siempre discutimos en dos puntos: las medias y los pantalones.

Mamá definitivamente todavía no ha aprendido que la raya de las medias debe ir encima de los dedos, sea cual fuere la forma en que se hallen confeccionadas, pues de otra forma siempre tendrá que quitármelas y volvérmelas a poner hasta que yo me conforme o ella se harte y me dé una nalgada, tras la cual aceptaré la posición de la raya tal y cual como haya quedado. Los pantalones también son punto de discordia porque generalmente me molesta el “pirulo” que queda en mala posición y eso sí tengo que arreglarlo yo solo, por órdenes expresas de ella.

Por fin estoy vestido. Ahora falta que mamá me peine y en este punto me encanta decirle siempre que así no es o que me está peinando las orejas. Pero bueno, mal o bien peinado, ya Papá, Camila y Tomás están montados en el auto y tengo que irme, me duela lo que me duela. Hasta este momento de partida, Mamá todavía no se ha quejado de dolor de cabeza.

VI

Paso toda la mañana en el colegio de una manera bastante fluida. Sólo de vez en cuando tengo alguna pelea con algún compañero, pero en general me las arreglo bien. Muchas veces tengo que hacer tareas atrasadas en la hora del recreo, pero me cuido bien de no contarle a Mamá para que ella se queje más de la irresponsabilidad de las maestras que de la mía propia. Sin embargo, hay otras faltas a la norma que sí me encargo de contárselas apenas me subo al carro ya que sé que su reacción será exponencialmente más severa si se entera por una citación de la psicóloga del colegio. En estos casos le pinto la situación verdaderamente caótica, de forma tal que cuando reciba la versión oficial de los hechos, ya no le parezca tan grave el asunto. Para ilustrarles esta técnica les contaré cómo hace una semana me monté en el carro y le dije a mamá que me habían castigado por haberle dado un puño tan duro a un niñito, que le sangró la nariz. A los dos días, mamá recibió la consabida citación de la psicóloga y de mi maestra. En dicha reunión se le explicó que en realidad el niño había sangrado mucho tiempo después de la pelea y porque tiene dicha tendencia, no por mi puño. Mamá, por supuesto, estuvo mucho más tranquila al saber la verdad del asunto.

VII

Bien… continuando con el transcurso del día, les cuento que siempre que subo al carro cuando mamá me recoge en el colegio al mediodía, yo le pregunto qué hay de almuerzo ese día y después de escuchar una descripción pormenorizada del menú, siempre digo que no quiero eso, sea lo que sea, y que quiero otra cosa; preferiblemente algo bien complicado o poco nutritivo. Mamá inevitablemente responde que tengo que comer lo que está preparado y que si no lo como, no podré comer más nada hasta la hora de la cena, dejando bien en claro que tampoco tendré derecho a comer cosa alguna a la hora de la merienda. Como me he dado cuenta de que en este aspecto mamá se mantiene bastante inflexible, últimamente he adoptado una táctica más complicada que consiste en comerme solo la mitad de la comida que me sirven, sea la cantidad que sea y pedir como postre un cachito y un café con leche. Pensé que esto molestaría a mamá pero lo que hizo fue ahuyentarla ya que al terminar su comida se va, diciéndome que puedo comer lo que quiera después de que termine con mi plato. Inmediatamente después de almorzar mamá me pide que haga la tarea, pero ¿cómo voy a hacerla a esa hora en que estoy tan cansado? Siempre le digo que dentro de cinco minutos, los cuales aprovecho para escabullirme a la casa de al lado sin que ella lo note. Cuando se da cuenta, o me llama por teléfono o se aparece en persona para descubrirme jugando Nintendo con Mariela. Entonces me agarra por un brazo y me arrastra hasta mi cuarto. Aquí es donde empieza el concurso de quién puede más, si ella con sus amenazas que, según el calendario varían desde quedarme sin regalos de Navidad, cumpleaños o fin de curso, hasta la no asistencia a la piñata de fulanito que es la semana que viene, o yo, retándola a sacar mi dedo gordo del pie más allá de la línea invisible que separa mi cuarto del afuera, a donde no puedo salir hasta que haga la tarea. Lo que pasa es que ella cree que mis obligaciones estudiantiles son sencillas y motivadoras, pero no son ni lo uno ni lo otro. Ya yo estoy cansado de escribir pa, pe, pi, po, pu y todas las sílabas sin sentido que a la maestra se le antojan como trascendentales.

VIII

A estas alturas del día ya mamá se ha tomado dos Tylenol (ella cree que son más potentes que la Tempra nacional o el acetaminofen genérico) y cree que con esta medida, tiene solucionado el problema. Pero todavía no han llegado Tomás y Camila de sus respectivos colegios y ahí es cuando la cosa se pone buena y el dolor de cabeza de mamá llega a su apogeo. A eso de las dos de la tarde suena el teléfono y mamá, con cara de resignación, agarra las llaves del carro y sale a recoger a mi hermana grande. Cuando ella llega, empieza otra rutina. Cada vez que la señora de servicio le avisa a Camila que la comida está servida, ella se mete a la ducha. Siempre se le enfría la comida, pero lo peor del asunto (porque a Camila no le importa comer frío) son los gritos de la señora, quien todavía no entiende que para mi hermana los horarios están intercambiados y la hora de la comida se transforma en la hora del baño y viceversa. Este es uno de los síntomas más comunes del S.D.A. (Síndrome de la Adolescencia) el cuál les iré describiendo a lo largo lo que queda de este día.

Ya almorzada mi hermana, mamá agarra otra vez las llaves del carro, esta vez para buscar al último miembro de su prole, quien viene tan cansado de sus múltiples actividades escolares, que se monta en el carro con humor de perro y sin ningunas ganas de oír la siempre repetida frase de mamá: “Cuando llegues a la casa, meriendas y después haces la tarea”. Tomás siempre amenaza con que se va a salir del fútbol porque nunca le da tiempo para hacer las tareas, pero con todo y esto, siempre llega, merienda y, o se escapa también para la casa de al lado, o se pone a divagar mirando el techo hasta que va llegando la noche, momento en el cual, invariablemente, se pone a llorar porque no le va a dar tiempo de terminar todo lo que tiene que hacer y además, no va a poder patinar en la calle. Tomás tiene además la característica de solo hacer la tarea si mamá recibe alguna visita o la llaman por teléfono. En ese aspecto, todos parecemos habernos puesto de acuerdo. Apenas oímos el teléfono sonar, vamos indagando, puerta por puerta, a ver quién es el afortunado que recibió la llamada. En el cuarto de Camila nunca podemos entrar porque ella está siempre cerrada con llave (a menos que esté su novio, caso en el cual lo tiene terminantemente prohibido, no sé por qué}. Pero a mamá siempre la cachamos “in fraganti” en el justo momento en que se está escondiendo en el baño con el teléfono inalámbrico y sus cigarritos para poder hablar en paz. Una vez descubierto que ella fue la que recibió la llamada (esto vale también para cuando la llamada fue hecha por ella), nos disponemos ha traerle cuadernos, libros y diccionarios que ella tiene que revisar inmediatamente, porque es su deber de madre ayudarnos en nuestro proceso educativo y porque sin su ayuda inmediata e incondicional, estamos perdidos, lloramos, gritamos y nos desesperamos. A veces este drástico planteamiento también lo hacemos justo en el momento en que ella decide ir al baño, esta vez no a hablar por teléfono sino porque sus necesidades fisiológicas lo hacen meritorio e impostergable.

IX

En los casos de visitas de carne y hueso, ubicamos rápidamente en qué área de la casa se sentó mamá con la visita, calculamos la distancia entre mamá y su invitado y allí mismo colocamos todos los útiles necesarios para la realización de nuestros deberes. Yo no sé por qué mamá se molesta tanto cuando hacemos esto ya que ella siempre dice que lo más importante es hacer la tarea para que después podamos ir a jugar. Justo en el momento álgido de la discusión entre el deber hacer la tarea y el mejor lugar y momento para hacerla, aparece Camila bajando las escaleras con una “toilet” de Domingo y los labios pintados de anaranjado fosforescente, participando a mamá que se va con unos amigos y no sabe ni cómo, ni cuando regresa. Para estos momentos mamá, que ya tiene la cara desfigurada por la rabia y por la jaqueca, se levanta de una salto del sofá, despide a la visita a empujones y le dice a Camila que ella no va para ninguna parte con esos amigos que ella no sabe quienes son, ni tampoco con esa pinta de vampiresa trasnochada. Mi hermana, a quien hasta ahora no he descrito a cabalidad, da una vuelta sobre sus talones con cara de vieja solterona en el día de la boda de la última amiga soltera que le queda y sube los escalones de regreso a su cuarto, murmurando frases incomprensibles entre dientes y tirando la puerta con toda la fuerza que le permiten sus quince años y medio.

En realidad, aún cuando no he terminado con la descripción del día, he de confesarles que ya estoy agotado y, tras releer lo escrito hasta ahora, comienzo a darme cuenta de por qué a mi mamá le duele la cabeza todos los días.

¿A ustedes no les duele ahora?

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