10.6.09

De vuelta





Porque me he dado cuenta de que la realidad me absorbe tanto que me olvido de la persona que vive dentro de mí, esa parte "espiritual" que sobrevive al caos externo.

Muchos días, semanas, tratando de explicarme y llevar al papel las cosas que veo, que me afectan y que muchas veces no tengo con quien hablarlas, porque esta crisis hace que todos seamos sordos a los problemas de los demás, porque todos andamos en las mismas. La capacidad de asombro se encuentra a su máximo nivel cuando no logramos explicarnos ni comprender cómo hemos llegado a transformarnos en monstruos intolerantes.
Sin ánimo de acusar a nadie en particular (con el riesgo de convertirme en uno de tantos que le echan paja al vecino para justificar ese desamor que estamos viviendo por nuestra madre tierra) , tengo que - porque es algo imperioso que siento y que si no lo saco me va a comer desde dentro - relatar cómo la enfermedad que ha infectado al país, está contagiando a los pequeños países en los que vivimos - barrios, urbanizaciones, casas, condominios...

En mi comunidad - edificio -nadie quiere ser presidente de condominio. Hay una junta (de seis solamente dos tratamos de mantener órden en nuestro pequeño ecosistema) que para lo único que parece servir es para recibir la rabia del resto de los habitantes.
Así somos - o más bien en esto nos hemos convertido.
Vamos por partes. Existe una regla para estacionar los carros dentro del reducido estacionamiento que tenemos: un puesto por apartamento. Como la calle es tierra de nadie, y si paras el carro extra en la acera te arriesgas a amanecer sin él, los habitantes han comenzado a estacionar sus autos en doble fila, sin importar a quién molesten con su "costumbre nueva", qué muros rompan, cómo va a a pasar el vecino de la silla de ruedas, cómo vamos a maniobrar para poder estacionar en el puesto que nos corresponde sin rayar nuestro carro y el del amigo vecino que se paró como mejor le pareció.
La segunda parte del cuento es que, para sacar un dinero extra para los arreglos de mantenimiento de nuestro pequeño país, se decidió por unanimidad cobrar una modica cantidad de dinero a aquellas personas que realicen fiestas en el salón de fiestas. Ahora bien, una ciudadana del edificio hace una fiesta y decide no pagar el alquiler porque "hay personas que no cumplen con la regla de estacionar los carros donde deben. "Si ellos no cumplen, porque YO debo cumplir". Entonces salen los radicales - que existen cada vez más en nuestro pequeño país - proponiendo, sin consultar a nadie, cerrar la puerta que va al jardin y al salón de fiestas. No importa que los niños del edificio no puedan salir a jugar en las tardes. No importa que una anciana enferma no pueda salir a tomar sol por las tardes. Se "debe" cerrar inconsultamente porque "hay animales - lease personas que abusan- que no cumplen con las reglas".
Como aún existimos personas que pensamos que no deben pagar justos por pecadores y que siempre va a haber personas abusadoras que hacen lo que les da la gana, se decide no cerrar el paso al jardín para que las personas que sí lo utilizan de manera apropiada, puedan seguir haciéndolo, simplemente porque es su derecho.
Entonces pasa como en Venezuela: empiezan a formarse grupos antagónicos que lindan con la arrechera profunda y no tienen la capacidad de dialogar. Simplemente se arrechan porque las cosas no se hacen como ellos quieren (¿les recuerda esto a alguien?)
Y siguen las proliferaciones de la impunidad. Otros ciudadanos "civilizados" del país del edificio, alquilan por rifa un puesto de estacionamiento, cuyo reglamento es cancelar una cantidad de dinero mensual para pagar cuentas menores del edificio. Pero como hay quienes estacionan mal el carro, y hay quienes usan el salón de fiestas sin pagar el alquiler, deciden no cancelar el arrendamiento del puesto de estacionamiento "porque aqui cada quién hace lo que quiere" y "por qué vamos a ser los pendejos que cumplimos con las reglas". "Y cuidado te metes conmigo porque te rayo el carro con un clavo, o te pincho un caucho".
"Nosotros somos antichavistas, Chavez es una mierda porque hace lo que le da la gana y se limpia el culo con la constitución" - dicen los que no cumplen con las reglas.
¿Acaso no se dan cuenta todas esas personas que no cumplen una reglas mínimas de convivencia que estan haciendo exactamente lo que critican del gobierno?
¿Por dónde empezamos a hacerles entender a las personas que los cambios se generan desde adentro y que mientras la conducta, el pensamiento, las palabras y las emociones negativas no cambien en nosotros mismos, NO vamos a lograr cambios afuera?
Yo no sé si lo que escribo refleja un poco, aunque sea, la gravedad del asunto que aqueja a nuestro país. Cuando la anarquía se mete en casa es cuando comenzamos a preguntarnos si los venezolanos hemos sido contagiados por una enfermedad mucho peor que la gripe porcina, que se contagia mil veces más rápido y que al parecer nunca va a existir una vacuna para esto que no venga de la propia consciencia de enfermedad.

Si no podemos con otros, al menos tratemos de enseñar esta consiencia a nuetsros jovenes y niños. De ellos depende el futuro de nuetra nación

1 comentario:

Ophir Alviárez dijo...

La descomposición contagia y se cuela en los cimientos pero hay que luchar, oh sí, hay que luchar aunque se escapen las fuerzas.

Te leo y me espeluzco.

Un beso

OA