31.12.06

Esperen sentados ( ver nota)

Qué espanto, llegó otra vez el 31 de diciembre.

Detesto las fiestas colectivas donde se supone que uno debe ser feliz a juro, emborracharse a juro, abrazarse a todos los que le rodean a juro (para lo que a juro debe esperarse el año con un gentío) y pedir, aún sin estar convencido de que algo acaba, que lo que viene sea mejor.

Desde que tengo memoria, el 31 de Diciembre es el día del año en que me da sueño más temprano. Tener la obligación de mantenerme en pie hasta las 12, despierta a la niña rebelde que vive entre mis cejas quien, a partir de las 8 y media de la noche, empieza a empujar los párpados hacia abajo, con toda la fuerza de sus piernitas.

No importa en dónde esté o haya estado. No importa con quien. La espera obligada, a que sean las 12 y llegue el año nuevo, es como esperar en un aeropuerto a un avión que viene con muchas horas de retraso, en el que uno no va a viajar o en el que no viene nadie a quien uno tenga que recoger.

Las uvas no me gustan. Champaña no tomo, prefiero el vino. Ropa interior amarilla no tengo, ni pienso comprarla. Las lentejas me dan gases… en fin… debe ser por eso que el 1ero de Enero solo me parece un domingo eterno por el que se ha esperado un año entero.

Si usted se parece a mí le propongo hacer como unas tías. Encienda la televisión, ponga el canal español, espere a que den las 12 en España, brinde y acuéstese a dormir 4 horas antes que el resto de la gente del país, con unos tapones en los oídos para no despertar con los tumbarranchos, y despierte mañana a la hora que quiera porque no habrá nada especial que hacer salvo estrenar agenda nueva.

¡Feliz Año para los que sí notan la diferencia!

PD. De paso, no me cabe una hallaca más, así que esta noche, aunque sea invierno, ceno gazpacho andaluz.

Nota: Se me olvidó darle los créditos a los aportes realizados, para este texto, por uno de los grandes maestros del humor caústico, S. CH., quien quedose sólo en casa, con la excusa de cuidar al perro e impedir la entrada a los maleantes.

28.12.06

Día de los Inocentes


Foto: MDTorres 28-12-06

23.12.06

Lo que uno ve por ahí

Fotos: MDT

Este trabajo es maravilloso.
Uno conoce gente, toma whisky, come pasapalos, le pagan y encuentra joyas.
Como estos ambientes íntimos que nunca imagine encontrar esta noche del 22 de Diciembre.

A estas fotos me dio por llamarlas Serie: ¨La Máquina del Tiempo¨.

17.12.06

MI NAVIDAD

Gato bajo el árbol de Navidad.
Tumbando todos los adorno, escalando entre las ramas falsas y enredándose entre las luces.
Jodiendo, pero hermoso.

Lo que me fascina
- Los colores del día, el rojo del Ávila (aunque me cause alergia)
- Ponerme sweater, zapatos con medias y arroparme hasta la cabeza para dormir de noche.
- Los regalos de ¨ñapa¨ que compra mi papá para todos en la familia. Uno nunca sabe con qué va a salir este año y los esperamos con ansia. Puede ser un martillo, una extensión eléctrica o un paraguas de cartera, pues generalmente los compra en la ferretería.

Lo que me gusta
- El sabor de una buena hallaca (con almendras), el pan de jamón de la Panadería de Santa Eduvigis -que gracias a Dios, o por desgracia, no queda en Prados del Este sino a un minuto de mi casa, el panetón de chocolate que desayuno con mis hijos todos los 25 de Diciembre por las mañanas.
- Hacer regalos a la gente que quiero.
- Los fuegos artificiales de colores.
- Poner el mismo arbolito artificial y los mismos adornos que he puesto por 20 años, sin cambiarlo, porque a mis hijos les gusta ése y no otro, y me han pedido que no lo bote ni lo regale.

Lo que no me gusta:
- No tener dinero para comprar los regalos que me provoca a la gente que quiero o tener que gastar dinero en la gente a la que debo regalar pero no me provoca.
- Envolver los regalos y pensar en cuándo tenga que quitar el árbol y guardar todo de nuevo.
- Sumar unos kilos más a la lista de los que ya debo quitarme.
- El tráfico en la calle –ahora incrementado por los 300.000 vehículos que se han vendido en los últimos meses. Viva la revolución bonita!
- Que mis hijos ya no crean en San Nicolás.
- No creer yo tampoco.
- Que mis hijos ya han crecido tanto que ahora no quieren regalos sorpresa sino dinero para comprar lo que ellos quieran.
- Sentir la ausencia de seres queridos que no están o no existen.

Lo que detesto:
- Pasar horas desenredando las luces para el árbol y luego, aunque prendieron perfecto cuando las probé antes de ponerlas, dejan de prender una vez enredadas entre las ramas del pino.
- Los centros comerciales, especialmente el Sambil.
- Las gaitas. Quisiera que el gobierno, antes de prohibir a San Nicolás, prohibiera este género musical.
- El ruido incesante de los cohetes tumba ranchos y el olor a pólvora que se posa sobre la ciudad el 24 y el 31.
- Las casas decoradas de gringas, sobre todo cuando llenan la fachada de luces, renos eléctricos y nieve de algodón en el techo.
- Tener que ser feliz a juro, porque es Navidad. Eso me deprime. Creo que nos pasa a muchos.

Lo que recuerdo y añoro:
- El nacimiento que ponía mi abuela materna en el comedor de Petare. Lo malo era que la nieve de cabello de ángel picaba mucho.
- El spray de nieve artificial que le ponían mi mamá a nuestro arbolito.
- Las navidades que pasamos con toda la familia en la nieve de verdad, cuando todavía podíamos viajar.
- Esconder los regalos de mis hijos y ponerlos debajo del árbol cuando se quedaban dormidos.
- Las galletas y el vaso de leche que dejábamos con ellos en la mesa –para Santa, y luego vaciar el vaso y dejar migas en el plato, junto a una nota con letra inventada en la que el gordo rojo daba las gracias por tan sabrosa merienda.
- La cara de alegría de los chamos abriendo los regalos la mañana de Navidad, aunque yo estuviera enratonada y con sueño a esas horas de madrugada en las que se despertaban.



Y PARA NO HACERLO MÁS DIFÍCIL, les deseo a todos una Navidad CORTA y amena (para no ser tan exigentes con aquello de Feliz) y, de ser posible, un
SUPER PROSPERO AÑO NUEVO.


Se agradecen contribuciones a la lista...

4.12.06

Para los que no lo leyeron


Hoy, después de este día tan largo y agónico, quiero compartir con aquellos de ustedes que no leyeron el artículo de mi amigo Rafael.Todavía quedan cosas en Venezuela, que no tiene ningún otro país, a pesar de Chávez






El Nacional Todo en Domingo - Domingo 03 de Diciembre de 2006
TODO EN DOMINGO/8

La Vida Sigue

Este domingo


Rafael Osío Cabrices osiocabrices@hotmail.com www.rafaelosiocabrices.blogspot.com


Hoy me quiero reconciliar con este lugar. Con el sitio en donde nací y en donde he vivido siempre. Quiero hacerlo sin engañarme, que nunca el engaño es bueno; sin apagar la conciencia porque el sueño de la razón produce monstruos. Hoy quiero hacer cuenta de algunas cosas maravillosas que tiene el vivir aquí, pero evadiendo los lugares comunes, esas gastadas imágenes que ponen en la tele con el himno, y sobre todo la quimera nacionalista, esa idea de "patria" que fuerza un vínculo de tierra y sangre a beneficio de la fuerza y de la intolerancia frente al otro.

Hoy no me voy a quejar. Hoy suspendo la perspectiva del reportero a la caza de problemas y soluciones. Voy a apartar los ojos hipnotizados del candelero de los horrores para encontrar en el paisaje los prodigios que aún están con nosotros. Hoy voy a celebrar el estar en Venezuela.

Este domingo, quiero hablar del amanecer en la ciudad venezolana: de cómo ese cielo de profundo azul se va volviendo violeta y se llena de pájaros, de cómo pían las alarmas en las habitaciones y sale de éstas el llanto de los recién nacidos, el sisear de las grecas de café, el rumor de los noticieros. Cómo la sociedad se despierta y de las calles emerge la bulla de las busetas y de los carros, que es la bulla del trabajo, del esforzado madrugonazo de cada día, del echarle bolas. Cómo se levanta hacia el aire contaminado de la primera mañana el aroma de las empanadas con guasacaca que se quiebran ante la barra de una lunchería, y por las aceras se extienden las filas blancas y rojas de los chamos yendo a la escuela.

Este domingo quiero hablar de un crepúsculo en la playa, de la silueta oscura de una mujer bonita con el agua plateada por las rodillas como en una epifanía de Joyce, de los alcatraces volando en formación hacia los mangles mientras se cruzan con los murciélagos. De esa canción que uno tenía años sin escuchar y que de pronto desemboca en ese momento como un guiño del destino, con el oleaje y el ron añejo con naranja y la arena como dormida donde se asoma un cauteloso cangrejo y el saludo de Venus sobre la línea evanescente del mar, y el viento salado, y la luz de un carguero flotando en la sombra que se extiende sobre el mundo.

Este domingo no voy a anotar estadísticas ni a componer escabrosas profecías, sino a recordar el placer de una tarde libre, en la que pueda saborear un marrón cremoso con bastante café, revisar una librería querida durante un buen rato y luego ir con gente inteligente y cercana a disfrutar de una gran película, para luego comentarla con vino tinto mientras los sentidos aún guardan ese silencioso oxígeno de la fría y confortable oscuridad de una sala de cine, esa atmósfera protegida que de inmediato conecta con los recuerdos de la infancia, con E.T. y El retorno del Jedi,o con esas horas de los años universitarios en que hacía magia para administrar mi mesada y perderme en las vidas ajenas que se aplastaban en la pantalla. Este domingo voy a querer una gran fiesta, con whisky aguado y tequeños hirviendo, con música de la Billo’s, en la que los viejos bailen hasta la extenuación y las mujeres suelten los tacones, en los que los niños se queden dormidos sobre dos sillas y haya un chisme escandaloso, un momento de ridículo y una zona de amortiguación, al final, cuando sólo quedan los incondicionales y se calma la parranda y vienen los tragos al aire libre.

O mejor todavía: la gran comilona, el inmenso desayuno con la familia extendida en un fin de semana extraordinario, o la cena colectiva con los amigos en un apartamento donde apenas cabemos, en que despotricamos del trabajo pero hacemos nuevos proyectos, en que nos damos las novedades de los conocidos, aprobamos (o no) a la nueva pareja de alguien, nos mostramos discos y libros y fotos, mientras picamos tomates margariteños en la cocina, vaciamos varias botellas y nos retiramos cansados de reírnos y con la panza apenas menos repleta que el espíritu.

Hoy quiero hablar de las cosas que nos quedan, de las que no podemos perder. De las cosas que, este domingo, debemos salir a defender.

© 2002. CA Editora El Nacional.
Todos Los Derechos Reservados